jairaki. lejos de la tristeza

viernes, julio 03, 2009

  Nada me turba...


Padezco anestesia mental últimamente. Casi nada me turba, casi nada me espanta, que diría Santa Teresa. Floto sobre las situaciones con la calma contagiada o heredada, no sabría muy bien especificar, de mi padre. Cuando nos enfrentábamos a operaciones de mi madre, su calma contagiosa y confianza en que no iba a pasar nada conseguía mágicamente que así fuese, contradiciendo a todos los pronósticos médicos.

No quiero pensar en nada, sólo tener el convencimiento de que todo irá bien, aunque a veces me descubro cagada de miedo, ante tantos frentes abiertos y tan peligrosos todos ellos.

Ayy, Sufumu de mis amores, valor, mucho valor…

sábado, enero 17, 2009

  Carpe Diem...


Una mujer con sombrero y una maleta me sonríe en el Paseo de Gracia. Definitivamente, no. No la conozco. Esos segundos son suficientes para que mi empatía llegue con retraso. La mujer ha desaparecido y mi sonrisa vuela en el aire. Un señor la recoge. ¿Me llegó con retraso la sonrisa de la señora? ¿Habremos llenado Barcelona de sonrisas voladoras?


Life is a bitch
then you die
appreciate what you have…

miércoles, diciembre 10, 2008

  Mentiras cochinas...


Cada vez veía menos y me importaba más...
Ahora las cosas han cambiado… me importa menos.
Mentí como una bellaca al afirmar en aquella ocasión que el sentido que no me gustaría perder sería el del humor… y una mi-er-da (con acento en la i y en la e).

martes, julio 01, 2008

  ...


...distrofiamacular metamorfopsia nuevotrabajo líneastorcidas sufumu miedoestenosisvértigocansancio…

Giran tan rápido mis pensamientos que el mareo es casi constante. Me paro y el mundo sigue girando, dando vueltas y vueltas a velocidad vertiginosa, ajeno a todo. No logro parar y la angustia se acumula. Quisiera vomitarla, pero no lo consigo y mientras tanto el sol sigue saliendo ajeno a mí, ajeno a todos.

A veces me sorprendo riendo y hasta feliz, ajena a mí, ajena a todo...

jueves, enero 03, 2008

  Frustación...


Me he apuntado a una oferta laboral únicamente porque entre los requisitos deseados se precisa… tolerancia a la frustación. Más que nada para que me lo expliquen. ¿De trabajar en su empresa… voy a trabajar rodeada de frustados y he de ser tolerante… o la que acabará frustada seré yo?

Me reía con Sufumu y entre risa y risa le he dado a enviar. Lo peor no es el requisito que piden, no. Lo peor es que había… ¡84 personas apuntadas! Definitivamente la peña está muy mal o somos todos unos curiosos de mucho cuidado.

lunes, noviembre 05, 2007

  Al límite...


Cuando ya no sabes qué hacer para luchar contra la tristeza, cuando te atrapa y te ahoga y te da vértigo, cuando al intentar alejarla se te engancha como negro chapapote en el alma, cuando pensar que de cosas peores has salido ya no sirve de nada, cuando el positivismo ya no es tu fiel compañero y las lágrimas empujan y tiran al suelo tu sonrisa pisoteándola, cuando el pensar que mañana volverá a salir el sol ya no es suficiente… es que está jodido el tema, para que vamos a engañarnos.

jueves, octubre 25, 2007

  Lágrimas…


En el asiento de enfrente del tren donde me senté ayer, estaba un chico de unos 17 ó 18 años como mucho diría yo. Al mirarle me di cuenta de que tenía ojos de haber llorado. No eran de emporrado, eran de llorar y de estar a punto de volver a hacerlo. Ver llorar a las personas siempre me pone triste, aunque no las conozca y empecé a pensar si se habría peleado con su novia, tendría algún familiar enfermo, se habría peleado con sus padres o que otra cosa podía haber provocado esa tristeza en su mirada. Escuchaba música atentamente y miraba por la ventana.

Ganas me dieron de decirle que no se preocupara que mañana volvería a salir el sol, por muy lluvioso que estuviese el día, pero como viene siendo habitual en mis trayectos en tren no dije nada. Empezó a hablar por el móvil con el auricular y hablaba con su padre. No había encontrado dos de los libros que había ido a comprar y le daba el encargo de que los comprara él. Le repitió el título tres o cuatro veces y soltó una carcajada diciendo: “¡Claro que saben lo que escriben! … vale pues muchas gracias. Adiós padre”.

Me sorprendió gratamente que riera abiertamente y me sorprendió aún más el uso de la palabra “padre” en un chico de su edad. Me quedé más tranquila y pensé que esta vez había hecho bien en no mencionar la obviedad de que mañana iba a salir nuevamente el sol. Aunque ahora que lo pienso una vez no me mordí la lengua y debería haberlo hecho, pero eso lo cuento otro día.
 

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