miércoles, julio 13, 2011

I promise myself…

Acudí rauda a su llamada desesperada. Hice los 365 kilómetros de rigor y sobre su cama despotricábamos del mundo y sus extraños habitantes. Enya nos acompañaba, poniendo banda sonora a nuestras palabras, abrazos, risas y lloros.

La emoción del reencuentro me impidió darme cuenta de lo mucho que había cambiado.

- Estás hecho una mierda y ¿esta barba… esas ojeras? Te me afeitas y te me pones tan guapo como me tenías acostumbrada.
Vámonos de marcha ahora mismo.
- No tengo espuma de afeitar...
- Da igual, probemos con espuma del pelo

Salió bastante airoso de la escabechina y entre risas, tiritas, abrazos y mimos nos fundimos con la ciudad. Al segundo cubalitro ya estábamos hablando en inglés. Nos daba por hacer esa clase de tonterías cuándo bebíamos.

Reímos, bailamos, bebimos y nos mezclamos con un equipo de fútbol suizo. Salí de la mano de uno de los jugadores y me fui a otro local. En medio de los besos caí en la cuenta de que no había avisado a M. y salí disparada, sin dar ninguna explicación, a ver si le localizaba de nuevo. El pobre suizo debió pensar que besaba realmente mal. M. ya no estaba en el local y mientras esperaba me hice amiga de las camareras que me invitaban a bebidas que, por petición mía, eran ya sin alcohol. Un amigo de las camareras se ofreció a ayudarme a encontrarle y cuando íbamos a entrar en el segundo local sin éxito alguno apareció de nuevo.

Me contó una historia surrealista de un local de ambiente en el que acabó con un anciano que le echaba los tejos. Empezó a llover y teníamos que irnos. El paraguas que llevábamos estaba bajo los pies de una pareja que se daba el lote encima de él. Nosotros mirándonos sin querer interrumpir y mirando el paraguas y mirándonos a nosotros, sin parar de reir, juntitos de pie frente a la pareja. No sé como, pero lo recuperamos y salimos riéndonos y un poco menos borrachos. Contentos de volver a estar juntos, abrazados y recordando nuestras pericias paralelas.

No puedo evitar que cada vez que suena esta canción me venga a la memoria ese fin de semana.

Y efectivamente lo prometido es deuda… de vez en cuando digo una oración por ti, Marcos.

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